Perdonarse, pero nunca olvidarse
- Maialen.S

- 26 oct 2017
- 3 Min. de lectura
Me perdono, me perdono a mí misma, por no haberlo hecho hasta ahora. Desde pequeños nos han enseñado valores como el perdón, pero siempre dirigidos hacia otras personas, hacia tu hermano, a un amigo o compañero, a mamá o papá, pero, ¿dónde queda el perdón a uno mismo? Para saber perdonar hace falta perdonarse, para perdonarse hace falta aceptarse y valorase, por eso, voy a aprovechar esta reflexión para hacer este acto que a menudo por las prisas del día a día se nos olvida.
Empezar por perdonar a la vida, por no haber aprovechado todas las oportunidades que esta nos brinda, por dejarlas escapar, muchas veces por no darnos cuenta y otras por pura vagancia. Perdonarse a una o uno mismo en los momentos que nos hemos negado la posibilidad de ser nosotros mismos, por haber preferido ser otra persona que en realidad no éramos. Perdonar porque a veces ni nosotros mismos nos perdonamos, porque se nos olvida que como personas tenemos la capacidad de equivocarnos, de fallar, de fallarnos. Perdonar todas esas veces que nos hemos exigido demasiado, más de lo que podíamos ofrecer, todo por alcanzar algo sin darnos el tiempo necesario, porque a veces prescindimos de pensar en nosotros mismos, en conocernos y saber hasta dónde podemos llegar. No quiero decir que no haya que exigirse ¡Sí que hay que exigirse! Pero siempre conociendo nuestros límites, nuestras posibilidades.
Perdonarnos por habernos echado a llorar por cosas innecesarias o a veces por necesarias, por haber tenido que ser más fuertes de lo que creíamos, por haber tenido que enfrentarnos solos a nuestros peores monstruos, por no haber confiado en uno mismo cuando realmente era necesario, por habernos dejado llevar por las opiniones de los demás. Por dudar y cuestiónarnos todo, algo tan típico en nosotros mismos, el complicarnos la vida más de lo necesario, más de lo debido. Perdonar todas aquellas mentiras que un día dijimos y luego nos arrepentimos, al igual que por todas esas broncas que tuvimos con gente que queríamos y ahora nos damos cuenta de que no eran necesarias, que se podían evitar o quizás haber solucionado de otra manera. Pero no te preocupes, si alguna vez has sentido algo de esto es porque estas vivo y aún estás a tiempo de perdonarte.
Perdonarte, pero no olvidarte, quizá esto sea lo más importante, el no olvidar quienes somos, como hemos llegado a ser lo que somos y quienes queremos ser. Muchas veces estamos influenciados por la opinión de que lo malo hay que olvidarlo, que hay que quedarse con lo bueno, pero ¿realmente eso es correcto? Si olvidamos, por ejemplo, algo que hemos hecho mal, corremos el riesgo de volverlo a hacerlo. Si olvidamos cómo hemos llegado a ser quienes somos, ¿cómo lograremos llegar a ser quienes queremos ser? Aprender de nuestros fallos, apoyarnos en nuestros logros, tener nuestro pasado presente. La gente cambia, pero su pasado no, es imposible que alguien olvide al cien por cien quien es, … Por lo cual, debemos asumir nuestros aciertos y nuestros errores, porque gracias a lo que somos podemos perdonarnos, porque hemos aprendido que todo el mundo se equivoca, que nadie es perfecto, “y la mejor forma de prestar ayuda a alguien que ha fallado, es por medio de la comprensión” Fred Luksin, (2008) Perdonar es sanar (Editorial Norma) p. 202.





Comentarios